Palabras del vicepresidente Mike Pence en el Canal de Panamá

Esclusas de Cocolí
Ciudad de Panamá, Panamá

EL VICEPRESIDENTE: Bien, muchas gracias. Muchas gracias señora vicepresidenta por esas elogiosas palabras, y por esta cálida bienvenida a Panamá que me han dado a mí y a mi querida esposa Karen.

Antes de empezar, quisiera referirme al nefasto atentado terrorista ocurrido hace apenas unas horas en Barcelona, España. Las escenas recientes de masacre y caos nos repugnan a todos, y como lo manifestó previamente hoy el presidente, Estados Unidos condena este atentado terrorista y haremos todo lo que sea necesario para ayudar.

Con independencia de qué fue lo que motivó el atentado terrorista de hoy, Estados Unidos está listo a prestar ayuda al pueblo español y encontrar y castigar a los responsables. En este triste día, nuestras plegarias, y las plegarias de todos los estadounidenses, están con las víctimas, sus familias y las personas de buen corazón de España. Gracias.

Vicepresidenta Saint Malo, administrador Quihano, ministro Roy, embajador González-Revilla, embajador Feeley, miembros del gobierno panameño, distinguidos líderes empresariales, destacados estudiantes y honorables invitados, es para mí y para mi esposa Karen un gran privilegio estar hoy aquí en esta extraordinaria vía hacia la prosperidad, el Canal de Panamá. Muchas gracias por esta cálida bienvenida. (Aplausos).

Y les traigo saludos del 45.º presidente de Estados Unidos de América y un gran promotor de la relación entre EE. UU. y Panamá, el presidente Donald Trump. (Aplausos). Estoy hoy aquí en representación del presidente porque el Hemisferio Occidental y nuestro gran aliado aquí en Panamá son una prioridad central de nuestro gobierno.

Durante la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos siempre pondrá primero la seguridad y prosperidad de Estados Unidos. Pero como espero que quede demostrado con mi presencia aquí hoy, Estados Unidos primero no significa solo Estados Unidos. Hoy, al igual que en tiempos pasados, los intereses de Estados Unidos y América Latina están entrelazados, y nuestra seguridad y prosperidad avanzarán a la par y nuestros futuros estarán por siempre ligados.

Como lo señaló el presidente Trump, trabajaremos por un futuro en el cual los pueblos de cada país del Hemisferio Occidental puedan hacer realidad sus sueños. Y por eso les digo a todos ustedes: Estados Unidos de América acompaña a América Latina en la búsqueda de esos sueños y del progreso histórico que redundará en beneficio de todos nosotros.

En la última semana, he viajado por la región para afianzar nuestros lazos de amistad y fortalecer nuestras asociaciones, y no hay mejor lugar para terminar mi gira que aquí en Panamá. El nexo entre nuestras naciones se forjó al amparo de la libertad. Desde que los navegantes del USS Nashville contribuyeron a hacer realidad el sueño de Justo Arosemena de una independencia panameña, los pueblos estadounidense y panameño han estado unidos.

Estados Unidos fue el primer país del mundo que reconoció a Panamá como una nación independiente. Y así como entonces estuvimos junto a Panamá, hoy también lo estamos como socio comercial y amigo en la libertad.

Y el Canal de Panamá en sí mismo es una manifestación de nuestro nexo, forjado con tenacidad panameña, conocimientos estadounidenses y acero de Pittsburgh. Es sorprendente, y mientras estoy hoy aquí junto a esta nueva esclusa, no puedo evitar sentirme abrumado por este magnífico monumento a nuestro lazo de asociación.

La historia del Canal de Panamá es fuente de inspiración y nunca dejará de contarse. Por casi 400 años, reyes y viajantes por igual soñaron con establecer aquí un nexo hídrico, entre el Atlántico y el Pacífico. Sacaban sus mapas. Trazaban sus rutas. Exploraban las tierras que nos circundan, pero ninguno pudo dilucidar cómo empezar, ni mucho menos completar, esta tarea titánica.

Ninguno, hasta que Estados Unidos y Panamá empezaron a trabajar juntos, guiados por la visión y la determinación del presidente Theodore Roosevelt. Donde otros vieron obstáculos, nosotros vimos oportunidades. Donde otros vieron desafíos, nosotros vimos una oportunidad de cambiar el mundo. Donde otros vieron imposibilidad, nosotros vimos lo inevitable, y nos decidimos a encarar nuestro destino.

Construir el Canal de Panamá fue un desafío de enormes proporciones, no un milagro, e hizo que se manifestara el mejor espíritu estadounidense, nuestra energía ilimitada y nuestra inventiva sin igual. Aunque los obstáculos que enfrentamos fueron cada vez mayores, nuestra determinación de superarlos aumentó aún más rápidamente. El presidente Roosevelt declaró “haremos que vuele el polvo”. Y así lo hicimos, juntos.

En los meses siguientes, más de 50.000 trabajadores aquí en Panamá trazaron un gran canal en medio de este istmo. Movilizaron un máximo de un millón de yardas cúbicas de tierra sólida cada día, y volcaron 3,4 millones de metros cúbicos de cemento. Y tras una década de trabajo arduo e incesante, esta semana, hace 103 años, el primer barco navegó oficialmente a través de las Esclusas Miraflores, y el mundo quedó maravillado por lo que habíamos hecho juntos. (Aplausos).

El Canal de Panamá cambió la faz de la Tierra. Unió al Atlántico y al Pacífico, y sacó no solo a Panamá sino al Hemisferio Occidental desde los márgenes del comercio global para llevarlo al centro mismo del planeta.

E igualmente notable es lo que Panamá mismo logró desde que asumieron la gestión de este canal hace dos décadas. Panamá empezó la mayor expansión del canal desde su construcción hace más de un siglo, y estamos actualmente en las nuevas Esclusas Cocolí, el máximo logro de este histórico proyecto.

Esta expansión fue casi tan audaz y trascendental como la construcción original. Implicó la excavación de un gigantesco nuevo canal, la ampliación de los originales y el movimiento de un volumen de tierras equivalente a tres cuartas partes del trasladado un siglo antes. Se volcó acero como para construir el equivalente de 29 Torres Eiffel. El suyo fue un logro de importantísimas consecuencias, y las resonancias ya se advierten claramente en Estados Unidos y en todo el territorio mundial.

La ampliación del Canal de Panamá implicó inversiones en Estados Unidos por miles de millones de dólares, y generó empleos bien remunerados para nuestro pueblo en las áreas de fabricación, transporte y agricultura. Y puertos en Savannah, Charleston y en todo Estados Unidos se están ampliando para recibir a los nuevos barcos Neopanamax. De hecho, el puerto de Miami acaba de completar una expansión que costó USD 2.000 millones.

Estas ampliaciones demuestran, una vez más, que nuestra prosperidad está entrelazada. Con la presencia aquí del vicepresidente y de tantas otras personas responsables, quisiera felicitar a Panamá por otro logro importantísimo y extraordinario. (Aplausos).

Pero no vine hoy aquí a hablar del Canal de Panamá. Más importante que este monumento a la fortaleza humana es el espíritu que lo hizo posible, el espíritu de optimismo, confianza y fe inquebrantable de que podemos lograr todo lo que nos propongamos cuando nos armamos de valor y emprendemos nuestro futuro juntos.

Aunque los desafíos y las oportunidades que enfrentamos hoy son distintos de los que enfrentamos hace más de un siglo, la firme determinación de Estados Unidos y Panamá de superarlos sigue siendo igual.

Y creo que, en el presidente Donald Trump, Estados Unidos tiene una vez más un presidente cuya visión, energía y determinación evocan a las del presidente Teddy Roosevelt. Los invito a pensar sobre esto. Tanto ahora, como entonces, hay una persona que genera optimismo ilimitado, que pretende marcar el comienzo de una nueva era de prosperidad compartida en todo este nuevo mundo. Ahora, al igual que entonces, tenemos un líder que ve las cosas no solo por lo que son, sino también por lo que podrían ser. Y ahora, al igual que entonces, tenemos un Presidente que entiende, en sus propias palabras, que “una nación solo vive mientras prospera”.

Y tal como el presidente Roosevelt instó a sus conciudadanos estadounidenses a “atreverse a ser excepcionales”, el presidente Donald Trump ha desafiado a nuestro país a hacer que Estados Unidos vuelva a ser un gran país, y lo haremos con la colaboración de todos nuestros amigos en el mundo.

Y por eso les digo a todos ustedes: Durante la presidencia de Trump, Estados Unidos estará a la vanguardia y batirá récords. Volveremos a captar el espíritu y reavivaremos la visión de nuestros antecesores, en colaboración con las naciones y los pueblos libres de todo este hemisferio. Una vez más, deslumbraremos al mundo con todo lo que hemos conseguido juntos.

Hoy, considero que una de las mayores oportunidades que tenemos por delante es construir a partir del legado de comercio que hizo que los últimos 100 años hayan sido históricos para este hemisferio. El Canal de Panamá es un testimonio perenne del poder del comercio de transformar destinos y definir el futuro de las naciones.

En apenas más de un siglo, más de un millón de embarcaciones han atravesado estas esclusas. Nada menos que 15.000 barcos navegan estas aguas cada día, y dos de cada tres empezaron o concluirán su trayecto en Estados Unidos.

Nuestra prosperidad depende de este curso de 48 millas, y eso es todavía más patente tras la expansión del Canal de Panamá y las esclusas que hoy tengo a mi lado.

Hoy, en gran medida gracias al Canal de Panamá, Estados Unidos es el mayor socio comercial de casi dos tercios del hemisferio, con un comercio bilateral total de USD 1,6 billones.

Tenemos el doble de volumen comercial con nuestros vecinos en este hemisferio que con China, y exportamos más a países de América que a toda Asia combinada.

Sin embargo, creemos que a pesar de estos avances, todavía hay un gran potencial que debe ser liberado. El comercio global nunca antes ha sido tan significativo. Y la tarea que tenemos hoy por delante es cómo lograremos propulsar el flujo de comercio en formas nuevas y renovadas, en beneficio de todas las naciones del hemisferio.

Mientras pronunciamos estas palabras, países de todo el hemisferio están sancionando reformas audaces para liberar sus economías y empoderar a sus ciudadanos a protagonizar sus futuros. Estos esfuerzos son importantes y loables, y Estados Unidos insta a los líderes latinoamericanos a seguir adelante con estas medidas para superar los obstáculos que se interponen a las oportunidades y el éxito.

Pero también debemos dar por comenzada una nueva era de comercio libre y justo, basado en el principio de beneficios recíprocos.

No lo duden: Estados Unidos de América desea intensificar aún más el comercio con nuestros vecinos de América Latina. Estados Unidos desea invertir más en América Latina. Estados Unidos desea compartir su cultura de emprendimiento, innovación y transparencia de manera cada vez más amplia con América Latina, porque su prosperidad y la nuestra estén intrínsecamente ligadas.

El presidente Trump ha tomado medidas claves para asegurar que nuestra prosperidad siga avanzando para todos.

De hecho, el presidente Trump ya está consiguiendo resultados, y gracias a su liderazgo, esta ha sido una buena semana para los trabajadores estadounidenses.

Previamente esta semana, en Colombia, tuve la gran dicha de anunciar que Estados Unidos ha llegado a un acuerdo para permitir que los aguacates colombianos Hass ingresen al mercado estadounidense. Y Colombia ha ampliado el acceso para el arroz con cáscara estadounidense, en un acuerdo que beneficiará a la agricultura estadounidense durante las próximas décadas.

Y tras mi visita a la Argentina esta semana, hace apenas instantes, el presidente Trump anunció que luego de 25 años de obstáculos, la carne porcina estadounidense nuevamente se exportará a Argentina, y los agricultores estadounidenses se verán beneficiados.

Y para proseguir con estos avances, en este mismo momento, nuestro gobierno está reconsiderando todos nuestros acuerdos comerciales y explorando nuevos acuerdos bilaterales. Y en todo lo que hacemos, el presidente Trump estará esforzándose por asegurar que nuestros acuerdos comerciales sean libres y justos y generen empleos y oportunidades para los trabajadores en Estados Unidos y en las naciones que se asocian con nosotros.

Estados Unidos mantiene acuerdos de libre comercio con 12 países en el hemisferio, incluido Panamá. Estos acuerdos han sido ventajosos, pero con independencia de cuán favorables podrían ser, todos, invariablemente, podrán mejorarse.

Es por eso que, apenas ayer, Estados Unidos, México y Canadá empezaron oficialmente a renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Es decir, pretendemos alcanzar un acuerdo que respete el espíritu original del TLCAN, que se atenga a nuestros máximos ideales de comercio libre y justo y reporte beneficios tangibles a los trabajadores estadounidenses. Y Canadá y México coinciden en que el TLCAN tiene mucho margen de mejora, que asegure condiciones equitativas para todos.

Y como lo manifesté al primer ministro Trudeau el mes pasado, al renegociar el TLCAN, trabajaremos juntos para lograr un resultado que beneficie a todos. Y confío en que, durante la presidencia de Trump, vamos a modernizar el TLCAN y adecuarlo al siglo XXI.

El Presidente y yo tenemos el compromiso de llevar esta visión de comercio con beneficios recíprocos a todas las relaciones comerciales de Estados Unidos, en el Hemisferio Occidental y el resto del mundo. Y cuanto más nos aproximamos a crear un sistema comercial que sea libre y justo, más podremos liberar el gran potencial de prosperidad que enriquecerá a nuestros ciudadanos por las generaciones venideras.

La oportunidad es nuestra, así como también lo es la obligación. Y juntos tomaremos esta oportunidad.

Hoy confío en que nuestro futuro es auspicioso, como nunca antes. Pero para terminar, permítanme decir que creo que podría ser aún más auspicioso, si este nuevo mundo finalmente adopta nuestra herencia de libertad.

Durante los últimos cincuenta años, gran parte de América Latina se ha encaminado hacia la libertad. Este ha sido un recorrido inspirador. Lamentablemente, Venezuela ha ido en la dirección contraria, hacia la dictadura, en vez de la democracia; hacia la opresión, en vez de la libertad; y hacia el pasado, en vez del futuro.

En Venezuela, vemos que la tragedia de la tiranía se manifiesta ante nuestros ojos. Como lo señaló el presidente Trump, el pueblo venezolano están sufriendo y están muriendo personas.

Lo vi de primera mano previamente esta semana en Colombia, cuando Karen y yo visitamos a familias que habían huido del espanto vivido en su patria, Venezuela.  Me contaron sobre la pobreza absoluta, la criminalidad y la violencia que asolaban a sus comunidades. Me contaron sobre cómo sus familias no podían encontrar alimentos ni medicamentos, y cómo niños inocentes están literalmente muriendo cada día debido a privaciones y hambruna.

Hoy, el pueblo venezolano, que supo ser libre, está siendo obligado a soportar ese destino por la ferocidad del régimen de Maduro. Ningún pueblo libre ha elegido jamás transitar desde la prosperidad hacia la pobreza. Ningún pueblo libre ha elegido jamás convertir lo que fue una vez, y debería seguir siendo, una de las naciones más ricas de América del Sur en la más pobre y corrupta de la región.

El presidente Donald Trump ha sido claro en este sentido: “Estados Unidos no adoptará una postura pasiva mientras Venezuela se desmorona”.

Puedo asegurarle que seguiremos apoyando a las naciones libres de todo el hemisferio hasta que se restablezca la democracia para el pueblo venezolano.

El presidente Trump y yo estamos sumamente agradecidos por el firme liderazgo del presidente Varela en el repudio al régimen de Maduro. Felicitamos a Panamá, en particular, por haberse sumado a los otros 11 países que firmaron la Declaración de Lima la semana pasada, que envía un mensaje contundente de que los pueblos libres de las Américas apoyarán a la población venezolana y harán frente a sus opresores.

Pero el presidente Trump y yo instamos a América Latina a hacer más. Y no duden de lo siguiente: Estados Unidos seguirá ejerciendo todo su poder económico y diplomático hasta que la democracia se restablezca en Venezuela.

Como lo manifestó el presidente Trump hace apenas pocos días, “Tenemos muchas opciones para Venezuela”. Pero el presidente y yo confiamos en que, trabajando juntos con nuestros aliados en toda América Latina, conseguiremos una solución pacífica a esta crisis que afronta el pueblo venezolano.

Hacemos esto ahora porque es lo correcto. El pueblo venezolano merece libertad. Y hacemos esto, como lo señaló el presidente Trump, porque, en sus palabras, “una Venezuela estable y pacífica es algo que beneficiaría a todo el hemisferio”.

Los estados fallidos no reconocen fronteras. Un estado fallido en Venezuela propiciará un mayor narcotráfico, con las consecuencias necesarias de criminalidad homicida, y se irradiará hacia Colombia y Panamá, y hacia nuestro país en el norte. Un estado fallido en Venezuela generará mayor inmigración ilegal, debilitará nuestras fronteras y supondrá una mayor carga para nuestras economías. Y, por último, un estado fallido en Venezuela pondrá en riesgo el bienestar de todos aquellos que tienen por hogar al Hemisferio Occidental.

Lo cierto es que todos vivimos en el mismo vecindario. Triunfamos cuando lo hacen nuestros vecinos. Lidiamos con la adversidad cuando lo hacen nuestros vecinos. Y seguiremos actuando juntos para apoyar al pueblo venezolano en su lucha por la libertad. Y creo, en lo más profundo de mi corazón, que Venezuela será libre nuevamente. (Aplausos).

Lo cierto es que la libertad es el derecho inalienable y el legado de todos los pueblos de este Nuevo Mundo. Y así como la libertad dio origen a nuestras naciones y una finalidad a nuestros pueblos, es también la libertad la que nos guiará cuando emprendamos esta nueva era en este Nuevo Mundo. Y juntos demostraremos, en palabras del presidente Roosevelt, lo que puede la devoción por este noble ideal de libertad.

La tarea que tenemos por delante exigirá de nosotros una renovada determinación, valentía y compromiso. Pero como lo dice la Biblia, si somos diligentes en nuestros esfuerzos, conseguiremos progreso para todos.

Y por eso tengo fe de que los vientos de progreso están a nuestro favor, y que nos impulsarán hacia adelante. Y confío en que nos llevarán juntos hacia un futuro de libertad para el pueblo de Panamá, el pueblo de Estados Unidos y el pueblo de este Nuevo Mundo.

Gracias. Que Dios los bendiga. Que Dios bendiga a Panamá y a Estados Unidos de América. (Aplausos).

FIN
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Source: White House Press Office